Feria agropecuaria visibiliza potencial de mipymes de la región Norte

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Arcenio Rivera se sumó tarde a las hileras de casetas con promociones de productos y servicios agropecuarios de todo tipo que ocuparon, por tres días, las instalaciones de la Ciudad Agropecuaria de San Francisco de Macorís, provincia Duarte. Un par de sillas plásticas, dos huacales y la sombra de un cacaotal fueron kiosco suficiente para vender al pie de las escaleras del recinto el producto estrella de su finca.

“(Las ventas) han sido buenas. Hemos promocionado excelente y a la gente le ha gustado mucho nuestro producto, que es orégano cien por ciento de Bonao. También tenemos el aceite de orégano, que es una esencia muy buena y que la gente busca mucho”, manifestó.

Desde 2015, Rivera y su familia destinan 1,500 tareas a la producción de orégano, un rubro del que han sabido cosechar 6,000 quintales en promedio que luego se comercializan secos, molidos o en aceite, tanto a nivel local como en Estados Unidos. “Es un producto que lo estamos dando a conocer, porque vamos de feria en feria y es excelente. La feria nos ha funcionado mucho”, resaltó el productor.

A unos pocos metros de Rivera, entre los quioscos decorados con frutas, los grupos estudiantiles que comían pan de coco, arroz con leche y trozos de piña y las comparsas carnavalescas que ambientaba con su desfile los pasillos de la feria, Johanna Madera servía de su sangría artesanal a quienes hacían fila para probarla y comprarla.

La bebida espirituosa, que conserva todavía las fibras de sus frutas fermentadas mezcladas con alcohol, atrajo a nuevos clientes más allá de ciudades como La Vega y Jarabacoa, donde la receta familiar–que ha sido perfeccionada para conformar la línea de productos de la marca Jabará Vinos– es mayormente distribuida.

“Pienso que ha sido una experiencia muy positiva, donde las personas han podido observar, probar y llevarle a su familia, tanto para compartir como para hacer regalos. La acogida ha sido bastante buena”, reconoció la emprendedora.

Cruzando el recinto, en el extremo opuesto de donde se encontraba Madera, otra caseta igual de pequeña, pero aún más abarrotada de personas, tomaba vasos desechables para beber del café colado de la familia Camilo Santos. En ese ir y venir de la gente, una familia colombiana elogió el producto y compró una bolsa de café tostado y molido.

Efraín Camilo González, quien se considera un emprendedor de tercera generación tras reconocer, detrás de Camsas Café, el camino recorrido por sus abuelos y padres cafetaleros, sonrió mientras contaba ese momento de las ventas con entusiasmo.

“Ellos quedaron muy satisfechos con nuestro café y lo adquirieron, además de que lo degustaron. Para nosotros fue un honor y un privilegio que esas personas, que saben de café, hayan podido disfrutar del nuestro, producido en nuestras montañas”.

Visibilizar los productos ofrecidos dentro de un emprendimiento, atraer nueva clientela que compra y socializar con otras marcas presentes en el mercado son algunos de los aspectos que los dueños de mipymes valoraron de haber participado de la Feria Agropecuaria del Norte (Agropenor). El evento reunió a decenas de empresas de todo tamaño e instituciones públicas y privadas del sector.

“Esta es una oportunidad muy importante e interesante para nosotros y entendemos que, así (como) a nosotros (…), así se le abren muchas puertas a muchos otros pequeños productores y expositores que, de otra manera, no pudiesen llegar a un público tan amplio”.

Justo al concluir la charla con este medio, Camilo se acercó para saludar al ministro de Agricultura, Limber Cruz, quien se detuvo al lado de su stand para tomar, también, su vaso de café. “Él pasó también por aquí ayer, así que ya no lo está probando, sino que vino a buscar más porque le ha gustado”, comentó complacido el empresario y cafetalero salcedense.

Conociendo las necesidades

En una de sus visitas a las fincas ganaderas como inspector extensionista para el Programa para el Mejoramiento de la Leche (Megaleche), Juan Gutiérrez observó en silencio a un empleado de nacionalidad haitiana lavar las ubres de una vaca de ordeño con agua sucia. Como médico veterinario, anotó sobre una libreta las recomendaciones que les daría al dueño de esa finca.

“Él no sabía que estaba ahí y era la primera vez que iba (…), y veo que le dice al haitiano ‘mira, (pero) allá en la planta me dicen que hay mucha mastitis…’”. En ese momento, Gutiérrez intervino y se identificó ante el señor, explicándole que era parte de la Dirección General de Ganadería y que estaba en la disposición de conocer las condiciones de su finca y ayudarle a mejorarlas.

Tras una conversación con el ganadero, quien le espetó su visión sobre el gobierno, los alimentos y otros factores que argumentaba aquejaban a los productores, Gutiérrez señaló:

“Mire, don. Todo lo que usted dice es verdad. Pero le voy a decir algo: Ni Luis Abinader, ni el Gobierno, ni yo, podemos venir a lavarle las tetas a las vacas aquí. Ni a ponerle una barrica de agua de cloro. (…) Ponga una barrica plástica, coja un poquito de agua de cloro para que desinfecte y lave sus manos, use yodo y séquela. Yo no puedo venir a eso, ni Luis Abinader puede venir (…) a echarle comida a la vaca ni a ordeñarla bien”.

Además de conocer nuevos productos y constatar la capacidad de producción de las regiones en las que se celebran, las ferias agropecuarias permiten entrar en contacto con las realidades de los productores en el día a día de su oficio.

Con esta anécdota, Juan Gutiérrez sintetizó a este medio una de sus principales preocupaciones como ganadero, además de médico veterinario: la baja producción de leche que todavía existe en República Dominicana debido a la falta de educación de muchos productores y al poco relevo que quiere trabajar en el sector.

Explicó que como extensionista de Megaleche ha tenido que realizar un trabajo que compara con el “catecismo”, por las orientaciones que le ha tocado dar a los ganaderos para que mejoren sus procesos de producción, aunque señaló que la cultura rudimentaria de manejo del ganado dificulta que muchos productores apliquen los conocimientos requeridos.

“El Estado va a tener que ponerse las pilas con eso y comenzar a capacitar trabajadores para el área ganadera. Impartir cursos (…) (para) jóvenes que quieran, por ejemplo, aprender a ordeñar, a manejar un equipo de ordeño mecánico, (el manejo de) la vaca antes y después del parto… todo lo que tiene que ver con la ganadería”. En lo que respecta a los ganaderos, recomienda que, el que pueda, se mecanice para eficientizar la calidad de los procesos y depender menos de mano de obra migrante.

Sara Hernández también coincide con Gutiérrez en la importancia de la concientización, una tarea que le ha tocado realizar como voluntaria para la iniciativa del rescate del río Jaya y sus afluentes. En uno de sus recorridos para la organización, la joven y algunos de sus compañeros sufrieron graves alergias tras caminar por unas orillas desde las que una vez las generaciones que le precedieron pescaron peces.

Hernández considera que las aguas del Jaya todavía pueden ser saneadas y convertirse–en un futuro no muy lejano– en un corredor ecoturístico, y la organización le ha permitido dar pasos para realizarlo y sumar los de otros jóvenes interesados. Explicó que han impartido cursos talleres sobre educación medioambiental y que se han acercado al Ministerio de Medioambiente, “quienes están dispuestos a ser parte de la causa”, así como a otras entidades públicas relacionadas directamente con el tema.

“Estar aquí en la feria también es algo, para que otras personas puedan conocerla (la causa). (De hecho), se han acercado muchas personas, sobre todo agricultores que se enteraron, porque este es un tema que a ellos directamente les interesa, además de personas que se interesaron por el voluntariado”.

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