Samaná, un destino que busca ser sustentable y sostenido

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República Dominicana, como destino turístico, parece tener una oferta diversificada que se divide entre el todo incluido en Punta Cana, cruceros en Puerto Plata, y aquel más dedicado a los negocios en Santo Domingo. Eso por no entrar en detalles entre los puntos culturales, religiosos, y deportivos. Sin embargo, una nueva propuesta se ha gestado en el silencio paradisiaco de Samaná: el sostenible y sustentable.

La provincia cuenta con una variedad de opciones que se desarrolla con un bajo impacto medioambiental. Un turismo de playas, montaña, senderismo, náutico, pesca, cultural y, como si no fuera suficiente, ofrece la oportunidad de no hacer nada para aquellos turistas que buscan estar tranquilos y descansando. De ahí que se considere una joya nacional para ese sector, dado su importancia para la economía local.

En ese sentido, desde el Foro Ambiental de Samaná (FAS), diversos turoperadores y las autoridades locales, se ha establecido el Circuito Turístico Sostenible en esa demarcación. La iniciativa surgió en 2021 como una forma de articular y visibilizar los esfuerzos de más de 70 empresas turísticas que han asumido los principios de sostenibilidad ambiental, en favor de un aprovechamiento más armónico y equilibrado del patrimonio natural del país.

“Las personas buscan destinos que sean más amigable con el medio ambiente o que tengan más aventuras”, expresó Noemí Araújo, presidenta del FAS. Pero ¿cuáles son los retos y qué se está haciendo para impulsar el desarrollo sostenible y sustentable?

En conversación con elDinero, Araújo explicó que desde el organismo que preside cuentan con algunas colaboraciones con el Ministerio de Turismo (Mitur), no obstante, enfatiza que debe impulsarse una estrategia mayor estructurada. “Se necesita una estrategia ‘macro’. Que se tenga una visión de un desarrollo de turismo sostenible pero también con una visión de economía circular”, agregó.

Ante esa carencia de un desarrollo “más organizado y estructurado”, la comunidad ha tomado en sus manos el guía para convertir a Samaná en un destino turístico distinto. Lisette Gil, especialista turística, está liderando una iniciativa para promover el turismo sostenible en la región. Se trata del proyecto “ecopromotores”, diseñado para apoyar a emprendedores locales y mejorar la sostenibilidad en diversos sectores turísticos.

El proyecto surge de la observación de Gil y su equipo, quienes notaron el potencial no solo en el sector hotelero, sino también en actividades como la artesanía. Con el objetivo de capacitar a estos emprendedores locales, desarrollaron un programa basado en los criterios del Consejo Global de Turismo Sostenible, asegurando estándares de sostenibilidad reconocidos a nivel internacional.

Gil destaca la importancia de adoptar criterios globales de sostenibilidad, lo que garantiza la validez de la certificación en diferentes regiones del mundo, logrando atraer más turistas. Actualmente, el proyecto está en proceso de certificación, con aproximadamente 30 empresas provinciales trabajando para alcanzar los estándares establecidos.

La certificación “ecopromotores” no solo impulsa prácticas más responsables en el consumo de energía y agua, sino que también promueve la gastronomía sostenible en Samaná. Este enfoque integral hacia la sostenibilidad está generando un impacto positivo en la comunidad y posicionando a Samaná como un destino turístico ejemplar en términos de responsabilidad ambiental y social.

Gastronomía

Gastronomía sostenible es un término que se está aplicando en países de Europa y Sudamérica, como por ejemplo Chile o Colombia. Cuando se hace referencia a esta práctica, se habla de una serie de medidas que envuelven y entrelazan el dónde se adquieren esos alimentos y dónde terminan esos desperdicios.

Se estima que más de 600 millones de toneladas de alimentos terminaron en los contenedores de basura de hogares de todo el mundo en 2022. Esto representa el 60% del total mundial de alimentos desechados ese año, según el Índice de desperdicio de alimentos 2024, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El informe analizó 11 países de Latinoamérica y el Caribe y determinó que República Dominicana representa el porcentaje más alto de desperdicio de alimentos en hogares: 160 kg per cápita en 2022. En el extremo contrario se encuentra Colombia, con 70 kg per cápita.

De acuerdo con los datos más recientes, el país suramericano tendría cinco veces más personas que la media isla caribeña. Se estima que, en 2022, la población colombiana superó los 51.6 millones de habitantes. República Dominicana, por su parte, tiene 10.7 millones.

En Samaná, Lisette Gil, junto con un equipo, está liderando un movimiento hacia la gastronomía sostenible, donde la preservación de tradiciones culinarias se une al compromiso con la gestión adecuada de los alimentos. Entre las prácticas y proyectos desarrollados se encuentra un recetario para mejor y mayor aprovechamiento de las frutas y vegetales, así como el manejo apropiado de los desechos.

Pero hay más. El proyecto se compromete con la reducción del plástico de un solo uso. Es decir, además del control de residuos, Gil enfatiza la importancia de eliminar el plástico de un solo uso en la industria turística, una medida adoptada no solo por políticas corporativas de cadenas europeas y americana, sino también por la conciencia local sobre la preservación del medio ambiente.

Es decir, desde grandes empresas en la provincia hasta los microemprendedores están eliminando el plástico en distintos niveles. Entre ellos se pueden citar Hotel Linux, Hotel y Restaurant Villa Serena, Parada la Manzana, el Ecolodge Boutique Clave Verde o los hoteles del Grupo Piñero.

La gastronomía sostenible en Samaná abarca mucho más que la eliminación del plástico; se trata de rescatar las tradiciones y raíces culinarias de la región, que son una parte fundamental de su identidad cultural. Gil destaca la riqueza histórica de la gastronomía local, influenciada por la herencia de los negros libertos y enriquecida por el compromiso con el abastecimiento local y la tendencia global del “kilómetro cero”.

El “kilómetro cero” en gastronomía se basa en la idea de reducir la distancia entre la producción de alimentos y su consumo. Esto implica que los insumos se adquieran dentro de un radio cercano al lugar donde se consumen. El objetivo es promover una mayor conexión entre los productores locales y los consumidores, reduciendo así la dependencia de alimentos que viajan largas distancias y fomentando la sostenibilidad ambiental, económica y social.

Samaná, pese a su belleza, vida relajada e integración comunitaria, es la provincia más costosa para acceder vía terrestre debido a la cantidad de peajes que habría que cruzar para llegar. Solo la categoría uno (vehículos livianos), tiene que pagar unos RD$860 por trayecto.

Aun así, según datos de RD Vial, el recaudo por peaje ascendió a RD$218 millones por el paso de 2,880,053 de vehículos de las distintas categorías (I, II, III, VI y V) en Marbella, RD$493 millones por 2,252,212 autos y camiones en el Naranjal, RD$345 millones por un tráfico de 1,547,961 en Guaraguao y RD$253 millones por el paso de 511,007 vehículos u otros medios de transporte en el Catey. Estas cifras fueron presentadas en 2023.

Al apegarse al principio del “kilómetro cero”, los restaurantes y hoteles se comprometen a abastecerse de productos locales siempre que sea posible, priorizando la frescura, la calidad y el apoyo a la economía local. Esto no solo reduce la huella de carbono asociada con el transporte de alimentos, sino que también fortalece los lazos entre la comunidad local y la industria turística, promoviendo un desarrollo más equitativo y sostenible.

En Samaná, esta tendencia se está adoptando como parte de la gastronomía sostenible, donde los restaurantes y hoteles están dando pasos concretos para integrar productos locales en sus menús y ofrecer a los visitantes una experiencia culinaria auténtica y responsable.

Un ejemplo concreto de este compromiso es el concurso anual “Plato de Verano Samaná”, que promueve la creatividad gastronómica mientras fomenta el consumo de productos locales y de temporada. Este evento, en su segundo año, refleja el creciente interés y compromiso de los restaurantes y hoteles locales con la gastronomía sostenible.

Además, Gil ha impulsado el “Circuito de Turismo Semaná”, que reúne a más de 100 empresas comprometidas con la sostenibilidad en la provincia. Desde grandes resorts hasta pequeñas iniciativas locales como el grupo de mujeres productoras de aceite de coco, todas están unidas en su esfuerzo por preservar el medio ambiente y promover prácticas responsables en la industria turística de Samaná.

Este enfoque integral hacia la gastronomía sostenible fortalece la identidad cultural de Samaná y contribuye a preservar el entorno natural y al bienestar de las comunidades locales, estableciendo a la demarcación como un destino turístico ejemplar en cuanto a sostenibilidad y autenticidad.

Experiencia

La especialista en turismo sostenible, María Cristina Corporán, resalta el papel crucial que desempeña esta industria turística en el desarrollo económico del Samaná. En ese sentido, cita la demanda de experiencias únicas por parte de los turistas, destacando la rica oferta cultural y natural de la región.

Ante esa realidad, enfatiza la importancia de integrar diversos sectores, como la agricultura, para fortalecer el turismo como pilar principal de desarrollo de Samaná. De hecho, en la provincia se lleva a cabo lo que se conoce como agroturismo, donde los visitantes conocen o aprenden sobre el cultivo de distintos rubros característicos de la zona.

A esto, el propietario del parador La Manzana, Salvador Alcalá, afirma que esta iniciativa busca que el derrame económico sea horizontal desde el día que el turista llega a Samaná. “Desde donde compras la comida, hasta donde te hospedas. O sea, que un solo establecimiento no se queda el dinero que entra a la comunidad”, señaló.

La visión apunta hacia una estrategia sostenible que garantice que el turismo no solo sea un motor económico, sino también una fuerza para el desarrollo comunitario y la preservación del medio ambiente.

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